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Esta asombroso ‘pedazo’ de naturaleza silvestre en el “último confin del mundo”, que fue en otros tiempos una estancia ganadera, se extiende por 38.000 ha, desde el Canal del Beagle hasta la Cordillera de Darwin, a 54° de latitud sur. Bosques de ñires, extensas praderas, una costa escarpada, ríos torrentosos y montañas sublimes hacen de Yendegaia uno de los lugares más espectaculares de la isla de Tierra del Fuego.
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Conservation Land Trust supo por primera vez de esta propiedad por intermedio de Alan Watson Featherstone, el activista y defensor de bosques escocés, y de Graciela Ramaciotti, una conservacionista argentina. En 1998 ambos acompañaron a Doug y Kris Tompkins, y a otros defensores de la vida silvestre, en una expedición de varios días para explorar el área. Todos quedaron impresionados por su extraordinario potencial de conservación y, más adelante, durante ese mismo año, Doug Tompkins fundó una organización sin fines de lucro para comprar esta propiedad. La ayuda financiera para la adquisición de la estancia provino de Conservation Land Trust, del filántropo suizo Ernst Beyeler, del conservacionista norteamericano Peter Buckley, y de otros donantes. Tras algunas dificultades financieras y administrativas, la propiedad fue transferida a la Fundación Yendegaia, cuyo directorio está integrado fundamentalmente por miembros de la Fundación Pumalín. Estos conservacionistas de gran experiencia administran la propiedad y supervisan su custodia y restauración.
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Conservation Land Trust supo por primera vez de esta propiedad por intermedio de Alan Watson Featherstone, el activista y defensor de bosques escocés, y de Graciela Ramaciotti, una conservacionista argentina. En 1998 ambos acompañaron a Doug y Kris Tompkins, y a otros defensores de la vida silvestre, en una expedición de varios días para explorar el área. Todos quedaron impresionados por su extraordinario potencial de conservación y, más adelante, durante ese mismo año, Doug Tompkins fundó una organización sin fines de lucro para comprar esta propiedad. La ayuda financiera para la adquisición de la estancia provino de Conservation Land Trust, del filántropo suizo Ernst Beyeler, del conservacionista norteamericano Peter Buckley, y de otros donantes. Tras algunas dificultades financieras y administrativas, la propiedad fue transferida a la Fundación Yendegaia, cuyo directorio está integrado fundamentalmente por miembros de la Fundación Pumalín. Estos conservacionistas de gran experiencia administran la propiedad y supervisan su custodia y restauración.
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